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la Escuela Municipal de Cerámica, celebra el fin de curso con la tradicional cocción de RAKÚ en el exterior de la Factoría Cultura. La entrega de diplomas a los alumnos y a continuación una comida de convivencia forman parte del programa. Se trata de una cita con gran participación que ya se ha constituido en tradición en la Escuela.

la Escuela Municipal de Cerámica, celebra el fin de curso con la tradicional cocción de RAKÚ en el exterior de la Factoría Cultura. La entrega de diplomas a los alumnos y a continuación una comida de convivencia forman parte del programa. Se trata de una cita con gran participación que ya se ha constituido en tradición en la Escuela.

Ese día se cocerán unas 180 piezas. Se comenzará a las 9:00 de la mañana y las primeras piezas saldrán a eso de las 12:00 horas. La entrega de diplomas está prevista a partir de las dos de la tarde. Este año participaron un centenar de alumnos adultos en la Escuela.

La técnica de Rakú es un método tradicional japonés de cocción cerámica. Se caracteriza por la extracción de las piezas del horno cuando están incandescentes (900 °C) y su posterior introducción en recipientes con materiales combustibles (como serrín o paja) para generar humo, lo que otorga acabados ahumados y reflejos metálicos únicos.

El proceso consiste en hacer una pieza con una arcilla chamotada o gres que resista el contraste de temperaturas a las que va a ser sometida. Una vez seca la pieza se hace una primera cocción (bizcocho) a unos 900 °C o 1000 °C para endurecerla y hacerla porosa. A continuación, se aplican esmaltes especiales para Rakú, ya sea por inmersión, vertido o con pincel. La pieza esmaltada se introduce en un horno (normalmente de gas o fibra cerámica) y se calienta rápidamente hasta que el esmalte funde y la pieza brilla al rojo vivo a unos 900/990 ºC.

Con unas tenazas y equipo de seguridad, se extrae la pieza al rojo vivo del horno y se deposita inmediatamente en un recipiente metálico con materiales orgánicos (serrín, hojas o papel).

El material orgánico se enciende y el recipiente se tapa. Al consumirse el oxígeno, se crea una atmósfera reductora. El humo penetra en las zonas sin esmalte (volviéndolas negras) y en las grietas del esmalte, creando el característico cuarteado (craquelé).

Finalmente, la pieza se sumerge en agua para frenar el choque térmico y fijar los colores, tras lo cual se limpia para eliminar los restos de hollín.

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