La decisión de retirar el transporte de mercancías peligrosas de la avenida Príncipe de Asturias marca un antes y un después en la movilidad de la zona oeste de Gijón. Después de décadas de reivindicaciones vecinales, estos vehículos dejarán de atravesar una de las arterias urbanas con mayor densidad de población del municipio para acceder al puerto de El Musel a través del corredor de Aboño.
La medida supone una mejora evidente desde el punto de vista de la seguridad, pero no resuelve definitivamente el problema del tráfico pesado en La Calzada. Además, traslada parte del debate al concejo de Carreño, cuyos vecinos consideran que el nuevo itinerario incrementa las molestias en su territorio.
Una reivindicación histórica
La avenida Príncipe de Asturias nació como un acceso al puerto, pero con el crecimiento urbanístico de Gijón acabó convirtiéndose en una vía plenamente integrada en la ciudad. Durante años, miles de vecinos han convivido diariamente con el paso de camiones cargados de combustibles, productos químicos y otras mercancías catalogadas como peligrosas.
Aunque la normativa que regula este tipo de transportes establece elevados niveles de seguridad y los accidentes son poco frecuentes, el riesgo nunca desaparece por completo. En caso de producirse un siniestro, las consecuencias potenciales en una zona densamente poblada serían muy superiores a las que podrían producirse en un entorno industrial o rural.
Precisamente ese es el criterio que ha llevado a modificar el itinerario de acceso al puerto.
Una diferencia demográfica difícil de ignorar
La magnitud del cambio se entiende mejor cuando se compara la población situada junto a ambos recorridos.
La avenida Príncipe de Asturias atraviesa el corazón de la zona oeste de Gijón, rodeada por viviendas, colegios, instalaciones deportivas, comercios y numerosos servicios públicos. Sumando los barrios directamente vinculados a este corredor —La Calzada, Jove y las áreas residenciales próximas— la población estimada expuesta supera los 40.000 habitantes.
Frente a ello, el nuevo recorrido discurre principalmente por el entorno de Aboño y las parroquias de Tamón y Carrió, en el concejo de Carreño. En esta zona, la población estimada directamente afectada ronda los 380 habitantes, incluyendo el pequeño núcleo de Aboño.
La comparación resulta elocuente. Desde una perspectiva estrictamente estadística, el transporte de mercancías peligrosas deja de circular junto a una población que puede estimarse en más de cuarenta mil personas para hacerlo por un corredor donde residen varios centenares de vecinos. En términos demográficos, la población potencialmente expuesta al riesgo es más de cien veces inferior.
Ese dato explica por qué los organismos responsables de la seguridad vial consideran que el nuevo itinerario reduce significativamente el riesgo global asociado al transporte de mercancías peligrosas.
Una mejora para Gijón…
Para los vecinos de La Calzada, el cambio supone mucho más que una modificación del tráfico.
Desaparecen de la avenida los vehículos con mayor potencial de riesgo, lo que incrementa la seguridad de una zona caracterizada por una intensa actividad peatonal y comercial.
También disminuye la probabilidad de que un incidente obligue a evacuar viviendas, centros educativos o instalaciones públicas, una circunstancia que hasta ahora siempre había formado parte de las preocupaciones de los residentes.
La medida atiende además una reivindicación histórica de las asociaciones vecinales, que durante más de tres décadas han reclamado que este tipo de transportes no atravesasen una avenida completamente integrada en la trama urbana.
…pero el problema no desaparece
Sin embargo, sería un error interpretar esta decisión como la desaparición del tráfico pesado en La Calzada.
Los camiones convencionales que entran y salen diariamente del puerto seguirán utilizando la avenida Príncipe de Asturias mientras no se ejecuten los nuevos accesos previstos.
Eso significa que continuarán existiendo molestias derivadas del intenso tráfico portuario: ruido, vibraciones, emisiones, dificultades para la circulación y un elevado tránsito de vehículos de gran tonelaje.
La diferencia es que esos camiones ya no transportarán, salvo casos excepcionales autorizados, mercancías consideradas peligrosas.
Carreño, la otra cara de la decisión
Si en Gijón la noticia ha sido recibida como una mejora para la seguridad ciudadana, en Carreño el enfoque es muy distinto.
Los vecinos del entorno de Aboño consideran que el nuevo corredor incrementará el paso de vehículos pesados por su territorio y entienden que el problema simplemente cambia de ubicación.
Desde un punto de vista objetivo, el impacto sobre la población no es comparable al existente en la zona oeste de Gijón debido a la enorme diferencia demográfica entre ambos corredores. Sin embargo, para quienes residen junto al nuevo itinerario el incremento del tráfico resulta evidente y afecta directamente a su calidad de vida.
Por ese motivo, el Ayuntamiento de Carreño ha mostrado su oposición a la medida y reclama estudios complementarios, así como inversiones que reduzcan las afecciones derivadas del nuevo trazado.
Ambas posiciones no son necesariamente incompatibles. Es posible que la decisión mejore la seguridad colectiva y, al mismo tiempo, genere nuevas molestias para una parte de la población de Carreño.
La asignatura pendiente: sacar todo el tráfico pesado de La Calzada
El desvío de las mercancías peligrosas constituye únicamente una primera fase.
La solución definitiva llegará cuando el conjunto del tráfico portuario deje de atravesar la avenida Príncipe de Asturias.
Para ello todavía quedan varias actuaciones consideradas estratégicas:
La consolidación del acceso de todos los camiones al puerto a través del corredor de Aboño.
La mejora de las conexiones viarias entre Veriña, Lloreda y El Musel para absorber el incremento del tráfico pesado fuera del casco urbano.
La remodelación de la avenida Príncipe de Asturias, transformándola definitivamente en una vía urbana adaptada al tráfico local, al transporte público y a la movilidad peatonal.
Hasta que estas actuaciones sean una realidad, La Calzada seguirá soportando un importante volumen de vehículos pesados, aunque con un nivel de riesgo considerablemente inferior al desaparecer el transporte habitual de mercancías peligrosas.
Un paso importante, pero no el último
La decisión adoptada representa probablemente el mayor avance en materia de seguridad vial para la zona oeste de Gijón en muchos años. Alejar las mercancías peligrosas de una población estimada superior a 40.000 habitantes constituye una medida difícilmente discutible desde un punto de vista técnico y de protección civil.
Al mismo tiempo, el nuevo escenario pone de manifiesto que los accesos al puerto continúan siendo una infraestructura pendiente. Mientras el tráfico pesado siga compartiendo espacio con las zonas residenciales de Gijón o con los vecinos del entorno de Aboño, el debate seguirá abierto.
La verdadera solución llegará cuando el puerto de El Musel disponga de unos accesos plenamente segregados del tráfico urbano, capaces de compatibilizar la actividad económica con la seguridad y la calidad de vida de todos los municipios afectados. Sólo entonces podrá afirmarse que un problema histórico ha quedado definitivamente resuelto.

